Toda la Danza

Acosta Danza: El fruto del empeño

Por Thalia Amelia González Rodríguez

Foto: Yuris Nórido

Con diversidad de estilos y propuestas coreográficas finaliza la temporada de la Compañía Acosta Danza en el Teatro Nacional de Cuba. Piezas de reconocidos coreógrafos cubanos y extranjeros conformaron el espectáculo “Juventud en el Nacional”, que reunió a las nuevas promociones de bailarines de la compañía, así como a estudiantes de la propia academia.

Creaciones como Huella del joven Héctor Rodríguez, un solo inspirado en la relación del ser humano y el cuerpo primitivo, y el dúo Nosotros, son algunas de las obras que deleitaron al público capitalino durante dos semanas de funciones, organizadas del 27 al 29 de mayo y los días 3, 4 y 5 de junio de 2022.

La versátil formación académica de los bailarines permite a los intérpretes desempeñarse con una singular elegancia y dominar la línea danzaria establecida por su director, donde se combina la más pura técnica clásica con lo contemporáneo; ambas tendencias fusionadas con elementos de la danza popular.

Paysage, Soudain, La nuit, es el resultado del acercamiento del sueco Pontus Lidberg a la cultura cubana, específicamente a la rumba como género danzario. De la valiosa invitación que se les fuera realizada a los bailarines durante el proceso coreográfico, el creador abstrae la rumba y logra una acertada combinación de movimientos contemporáneos que, junto a la banda sonora de Stefan Levin, inspirada en la música de Leo Brouwer, muestran la cubanidad que tanto persigue filtrar el bailarín Carlos Acosta hacia el mundo.

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La captación de talentos internacionales auspiciada por la Carlos Acosta Dance Foundation nos ha permitido disfrutar de la interpretación del venezolano Luis Molina, novel bailarín con una fuerte proyección escénica y un indiscutible dominio de los más diversos estilos danzarios.

Como un tributo a la vida y a dos de los más grandes coreógrafos de la historia de la danza, pudimos disfrutar de La muerte de dos cisnes, inspirada en la versión neorromántica creada por Mijaíl Fokín para la bailarina Anna Pávlova en 1905 y la revisión contemporánea del francés Michel Descombey de 1982. En colaboración con la Directora Artística de la agrupación, Yaday Ponce, Carlos Acosta hace coincidir a los dos cisnes sobre el escenario logrando una miniatura coreográfica capaz de trascender en el tiempo.

“…Estaba teniendo muchas dudas personales. Alguien me dijo que el viaje de la felicidad es una marcha hacia adentro”. Así comenta Raúl Reinoso, uno de los coreógrafos más prometedores de la danza en nuestro país con respecto a su obra Satori, galardonada con el Premio Villanueva y con el Premio Nacional de Coreografía en los años 2018 y 2019, respectivamente.

Satori se encuentra inspirada en elementos del budismo zen y el despertar espiritual del ser humano, de los que el autor se valió para fragmentar su propia alma y moldear una pieza emocional y estéticamente compleja.

El largo viaje hacia lo más intrínseco es descrito por Reinoso con variaciones que combinan modos gestuales contemporáneos, propios de la formación del coreógrafo, con su creciente gusto por el lenguaje del ballet en un ejercicio innovador y perfectamente sincronizado.

La compañía explora las nociones contemporáneas más actuales que en el mundo del arte se desarrollan y pone a confluir, en un espacio de experimentación, a artistas de las más variadas manifestaciones artísticas. Este es el caso de Angelo Alberto, a quien se le encargó el diseño de vestuario de Satori; de la italiana Fabiana Piccioli en el diseño de luces, y del músico cubano Pepe Gavilondo, quien respalda el montaje danzario con una composición musical dueña de una fuerte carga espiritual.

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Jóvenes artistas en ascenso como Daniela Urgellés y Brandy Martínez destacaron por sus interpretaciones en Satori, demostrando una excelente calidad en sus movimientos corporales, además de una portentosa composición anatómica.

Dentro del repertorio exclusivo de la compañía aparece el dueto Nosotros, creación de Beatriz García y Raúl Reinoso. Inspirada en las experiencias amorosas de los creadores, la pieza constituye una mirada hacia el interior de las relaciones de pareja y permite reflexionar sobre los altibajos del amor.

Con esta temporada, Carlos Acosta pone a consideración del público a las más jóvenes generaciones de su agrupación “como un símbolo de un futuro con esperanzas”. El variado programa presentado refleja las capacidades interpretativas de la primera promoción que emerge de la academia y se une a la plantilla de la compañía, asegurando así ese futuro próspero y sostenible.

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